¿Qué nos pide la estrategia ‘Aprendo en Casa’ a las familias peruanas?

Con “Aprendo en Casa”, un nuevo vínculo podría estarse formando tanto al interior de los hogares como entre familias y escuelas. Este es el momento de buscar cuidar este nuevo vínculo, basándolo en el reconocimiento y el respeto mutuo, en el valor que otorguemos al esfuerzo y a los saberes de todas y todos.

Sin lugar a dudas, esta emergencia está poniendo en tensión formas tradicionales de relación entre las familias y las escuelas. Hasta hace un mes escaso, el pacto era más o menos claro: las familias delegamos en las escuelas, la educación de nuestras hijas e hijos. De hecho, hace un mes miles de familias en el Perú hubiéramos empezado a enviar a nuestras hijas e hijos a miles de escuelas y colegios urbanos y rurales, públicos y privados, habiendo cumplido, probablemente, con comprar o reciclar uniformes, útiles, loncheras, además de habernos organizado para enviarlos o llevarlos temprano por las mañanas y recogerlos o recibirlos por las tardes. Sabíamos que quizá nos tocaría hacer cierta supervisión de tareas, dependiendo de nuestras posibilidades. Pero por lo demás, nidos, escuelas y colegios se encargarían de las matemáticas, la comunicación, la historia, las ciencias y todos los demás «cursos».    

Pero, las clases se suspendieron. Millones de estudiantes de todo el Perú debieron quedarse en sus casas. Pasados unos días, las circunstancias y el sistema nos hicieron saber que el pacto quedaba en suspenso. En medio de la incertidumbre por el plazo de esa suspensión, fue evidente que habrían nuevas condiciones: chicas y chicos estarían en casa. Todo el día. Recibirían tareas y consignas para desarrollarlas allí. Sería necesario que las familias, confinadas en la misma casa por la misma emergencia sanitaria, apoyáramos más que antes. En la medida de nuestras posibilidades. Y todo lo anterior en medio de las tensiones y angustias inherentes a la emergencia(salud, trabajo, ingresos, abastecimiento de alimentos, etc.).   

La escuela y los docentes se desdibujaron en un inicio. ¿Cómo llegarían hasta los hogares? ¿Cómo «enseñarían»? ¿Cómo evaluarían? ¿Qué pasaría con el año escolar, con las notas, con la promoción al siguiente grado? ¿Qué pasaría con los aprendizajes, finalmente?   

Poco a poco, empezamos a saber sobre que el Ministerio de Educación preparaba una estrategia para llegar por todos los canales disponibles: internet, televisión y radio, usando las señales del estado y algunas privadas. Supimos que habría clases de distintos cursos para los distintos grados, en distintos horarios. Supimos que los profesores empezaban a capacitarse para asumir esta nueva forma de educación a distancia.   

Conocimos “Aprendo en Casa” y nos emocionamos por el trabajo titánico de quienes en días levantaron esta estrategia. Le vimos también las limitaciones: no llega a todas y todos, no llega de la misma manera, no podrá ser aprovechada por igual, no será suficiente. Y, en lo que nos toca, las familias también nos preocupamos: no tenemos claro cómo apoyaremos a nuestras hijas e hijos si también debemos trabajar, si no entendemos las tareas ni las materias, si no tenemos las habilidades o materiales para enseñar y aprender.   

Las enormes diferencias en cómo vivimos las distintas familias esta cuarentena, no es menor. La percepción que tienen miles de madres y padres sobre sus propias capacidades para apoyar a hijas e hijos, tampoco. Y en este punto, lo que habría que evitar es la presión, interna o externa. Se hace lo que se puede, lo mejor posible. Y no todos podrán con todo. Es para esas familias y esas niñas y niños que toca buscar alternativas.  

La emergencia del Covid-19 nos coloca en una situación para la que nadie estaba preparado. Ni el sector, ni las escuelas, ni los directivos y docentes, ni las familias y tampoco los estudiantes. A las familias se les pide que asuman un rol más protagónico, más cercano, más presente. Y que lo hagan en el marco de incertidumbres que imprimen sus propias tensiones al interior de los hogares.  

Pero, también pasan cosas interesantes y muy positivas. A pesar de las dificultades, madres y padres se están sentando con sus hijas e hijos a ver programas educativos, a escuchar la radio y, en muchos casos, a aprender con ellas y ellos. Los están viendo sentados en sus casas, conectados de una manera u otra con esta escuela virtual. En algunos casos es probable que sea la primera vez que se enteran sobre lo que estudian o aprenden, que lo ven de cerca. Quizá, a pesar de mucho, esta esté siendo también una oportunidad única para acercar a las familias a esta dimensión de la vida cotidiana de sus hijas e hijos. Y por otro lado y no menor, para conocer mejor y valorar el trabajo de las y los docentes.  

De la manera más inesperada, con “Aprendo en Casa”, un nuevo vínculopodría estarse formando tanto al interior de los hogares como entre familias y escuelas. Este es el momento de buscar cuidar este nuevo vínculo, basándolo en el reconocimiento y el respeto mutuo, en el valor que otorguemos al esfuerzo y a los saberes de todas y todos. También en que cuidemos no saturar ni agobiar a las familias, sino más bien respaldar sus altas expectativas, su esfuerzo, su necesario aporte al proceso educativo. Es decir, en cómo buscamos modos de apoyarlas, fortalecerlas y aliviar sus preocupaciones.   

Estos nuevos desafíos, que parecen haber llegado para quedarse, van a necesitar nuevos pactos entre todas y todos. Pactos que toca pensar, desarrollar y cuidar.

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